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No soy muy fan de las biografías y tampoco me gusta darle más importancia ni merito del que tiene a las cosas que he hecho. Juan Goytisolo decía que no hay que vivir de la escritura, hay que buscarse un trabajo y escribir. Eso hice yo.
He crecido viendo las exposiciones del proyecto IMAGINA, creado por Manuel Falces. Desde antes de la adolescencia ya sentía un interés por el arte que no necesitaba (y no podía) compartir con nadie. Era habitual salir a caminar después del colegio e ir solo a las pocas exposiciones que estaban a mi alcance. Recuerdo especialmente la exposición de Max Pam y una de Juan Genovés en la fundación de algún banco. 

Al terminar mis estudios de fotografía, fui galardonado con el primer premio IAJ (Instituto Andaluz de la Juventud) y comencé a realizar diversos trabajos en la provincia. Retratos para algunos periódicos locales, fotografías de conciertos en festivales, foros de artistas. Un año después me llamaron para impartir clases de fotografía a los alumnos de español en la universidad de Tartu, Estonia y, de paso, exponer. Lo que me llevó a otras ciudades como Berlín o Ljubljana. 
Desde entonces he ido compaginando mi vida laboral con proyectos y encargos. Nunca me ha gustado ni he sentido que la fotografía sea mi medio para ganarme la vida, sino, para que la vida gane algo de sentido.